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De la gran banca al universo ‘fintech’

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El proceso de reestructuración bancaria que ha tenido lugar en España en los últimos ocho años ha dejado un mapa del sector muy distinto al original, en el que concurren un 25% menos de entidades (se ha pasado de 362 a 272) y una más reducida red comercial que se ha contraído en unos niveles incluso superiores (-30%), pasando de 46.065 a 31.999 sucursales.

La transformación del sector, como era de esperar, ha tenido también efecto en la composición de la fuerza laboral, que ha pasado de 278.301 a 208.291 personas en este tiempo. Eso significa que, bien por la vía de las prejubilaciones o directamente del despido, 70.000 profesionales bancarios se han visto enfrentados a la necesidad de abandonar el sector y, muchos, a la tesitura de reconvertirse y adaptarse a la nueva estructura del mercado.

Para estos profesionales de la banca, muchos de ellos empleados que atesoraban años de experiencia relacionada con múltiples aspectos de la operativa bancaria, una alternativa natural ha consistido en aproximarse hacia el sector de la asesoría, en unos casos dentro del campo financiero y, en otros, dentro del ámbito empresarial, prestando servicios relacionados con la captación de recursos, la valoración de compañías o el apoyo a la internacionalización. Asimismo, y de forma más selectiva, el sector de las fintech (que prestan servicios financieros bajo un modelo de negocio soportado por las nuevas tecnologías), se ha convertido en un polo de atracción para algunos profesionales experimentados.

Perfiles senior en start-ups

Ancladas en el mundo digital, lo común hasta la fecha era que este tipo de compañías se nutrieran de jóvenes emprendedores forjados en el ámbito de las nuevas tecnologías y del universo emprendedor, lo que se conoce como startups. Sin embargo, en los últimos años, si se repasa la nómina de quienes ocupan puestos de responsabilidad en algunas de las compañías más señeras de este sector, no es extraño encontrarse con perfiles más sénior procedentes de la banca tradicional. A la visión sobre el modus operandi de la gran industria financiera, estos profesionales suman un valioso conocimiento sobre el complejo ámbito de la legislación y el cumplimiento, tan determinante dentro del sector y, por consiguiente, también para estos nuevos actores.

Como contrapartida, el mundo de las fintech proporciona a estos profesionales la posibilidad de volver al mercado o saltar hacia modelos de negocio alternativos que ofrecen la oportunidad de penetrar en un universo de organizaciones muy eficientes y dinámicas, sin la pesada carga administrativa y jerárquica de sus antiguas empresas. Y a ello se suma la adrenalina de lograr fuertes crecimientos de actividad en plazos muy aquilatados y el aliciente anímico de hacerles sentir que, esta vez sí, se encuentran situados en la cresta de una ola que se aproxima para quedarse y constituirse en alternativa real dentro del mercado financiero.

Bien es verdad que mientras todo esto acontece la banca no se ha quedado parada. Su foco en este momento se centra en aumentar la eficiencia y la rentabilidad, y para ello está dispuesta a incorporar nuevas tecnologías y modelos innovadores muy alineados con las necesidades del nuevo cliente, prácticamente educado durante los últimos años en la cultura del hágaselo usted mismo, y muy sensibilizado con la calidad del servicio y la experiencia de usuario. En términos de política de recursos humanos, esta nueva orientación se concreta en una decidida renovación de las plantillas que sigue el criterio de contratar a profesionales jóvenes, muy bien preparados, con idiomas y competencias profesionales muy específicas.

En consecuencia, asistimos a un interesante periodo de cambio dentro del sector financiero que estaría marcado por dos tendencias principales. La aparición, por un lado, de las fintech, muy especializadas en nichos concretos de mercado y con unos procesos muy eficientes, que se traducen en agilidad, transparencia y reducción de costes, y un sector de la banca tradicional en pleno proceso de transformación para incorporar las mejores prácticas de ese mundo emergente, con la vista puesta en proporcionar una experiencia de cliente óptima. Todo ello describe un fenómeno que podríamos llamar de ósmosis entre la gran banca y el universo fintech, en la medida en que se produce una influencia recíproca entre dos mundos que, como vemos, empiezan a compartir modelos y personas. Desde el punto de vista del usuario, el panorama no puede resultar más alentador. No sólo verá abierto el abanico en la oferta de servicios, sino que, además, estos le serán ofrecidos en unas condiciones de alta especialización y valor añadido.

Duarte Líbano Monteiro, director general de Ebury

Fuente: http://www.eleconomista.es