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Cómo las Fintech están cambiando los medios de pago

Fuente: Cinco Días 

La expresión Fintech se ha definido por el Consejo de Estabilidad Financiera como el proceso de innovación en el sector financiero liderado por la tecnología. Como consecuencia, están desarrollándose nuevos procesos, aplicaciones o modelos de negocio que cambian la producción o la oferta de servicios financieros. La nueva tecnología está modificando áreas de entidades establecidas y aparecen nuevas empresas de servicios financieros puramente tecnológicas.

Los medios de pago son una de las ramas financieras más afectadas. Las nuevas tecnologías facilitan los pagos, reducen su coste y permiten dar cobertura a segmentos de población que antes tenían dificultades de acceso por estar alejados de los proveedores tradicionales (principalmente bancos).

La creciente demanda de servicios de pago digital estimula la entrada de empresas tecnológicas que, mediante redes móviles, señales de comunicación y métodos de computación, pasan a formar parte de los sistemas de pagos. Los sistemas de pagos están considerados como una “infraestructura de mercado” (IM) en la que se sustenta la provisión de muchos servicios financieros.

Las infraestructuras de mercado constituyen núcleos que facilitan las transacciones entre agentes económicos, permitiendo la relación multilateral entre ellos. Su valor radica precisamente en su facultad de interconexión, en su alcance. Pero ahí también radica su importancia sistémica dado que el fallo en una entidad podría contagiarse a otras, interrumpiendo multitud de procesos de intercambios financieros con graves consecuencias para la economía real. Como se ha dicho, los pagos se encuentran en el punto de mira actual debido a la ola de innovación que están experimentando.

El efectivo está siendo reemplazado por el uso del teléfono móvil para pagos diarios, incluso en las transacciones de pequeña cuantía. En alguna medida, la innovación se encuentra simplemente en la forma de iniciar los pagos, en las instrucciones, pero se sigue utilizando la infraestructura actual para realizar la trasferencia del dinero. Sin embargo, el móvil ha facilitado una innovación interesante, que es el desarrollo de servicios de pagos “directamente a cuenta”, en los que se hacen abonos instantáneos en cuenta de la contraparte, sea esta un particular o el dueño de un comercio.

Otra innovación importante se encuentra en el uso de servicios de computación y de almacenamiento en la nube. Por un lado, las entidades financieras pueden externalizar servicios de procesos y archivo de datos con proveedores tecnológicos que utilizan tecnología digital en la nube. Por otro lado, la nube facilita la creación de las carteras digitales que permiten compras en mercados on-line y su acceso mediante el móvil. Se calcula que en la actualidad más de un 15% de las personas las utilizan. Estas carteras digitales pueden ser embrión de nuevos medios de pagos o monedas.

Así, algunas empresas de comercio on line han integrado mecanismos de pagos en sus plataformas. Su utilización está vinculada a la plataforma, pero si esta logra una expansión considerable o acuerdos con otras empresas, podrían crearse una circulación de dinero virtual, aunque específico y limitado, paralelo al dinero legal.

En un mundo en que las transacciones on line aumentan constantemente y se extienden hasta bienes no duraderos de consumo diario, el uso de monedas digitales vinculadas a redes de distribución de bienes parece que no será una moda pasajera.

Dichas monedas son distintas a las criptomonedas o criptotokens, cuya expansión parece que necesita mecanismos de garantía o respaldo de activos financieros (las stablecoins), y su evolución las acercará más a ser consideradas como un activo financiero-digital más que un medio de pago.

Sin embargo, lo que sí va afianzarse es la tecnología en la que se basan las criptomonedas: el blockchain y los registros distribuidos (DLT). El blockchain es una forma de procesar las transacciones bilaterales, cuya integridad se asegura mediante criptografía; las transacciones se agregan de forma cronológica en bloques, que se validan por alguno de los participantes en la red (mediante pruebas de trabajo) y, una vez validadas y actualizado el registro, van formando una cadena de bloques. Por su parte, los registros distribuidos son una base de datos única pero descentralizada, con varias copias idénticas distribuidas entre los participantes, que se actualiza por consenso de forma sincronizada.

Las redes de blockchain o de DLT pueden ser públicas y privadas. En las primeras puede participar cualquiera, se garantiza el anonimato y hay mayor descentralización; como inconveniente el consenso es más lento. En las segundas, el acceso implica cumplir unos requisitos, el anonimato es menor, pero son más eficientes ya que el consenso es más rápido.

Esta tecnología tiene varios campos de aplicación interesantes, como son los pagos internacionales, o los procesos de negociación, compensación, liquidación y registro de valores. Por lo tanto, terminarán influyendo en las infraestructuras de mercado, que pueden tender a descentralizarse.

Los supervisores financieros se enfrentan a ciertos retos. Por un lado, deben considerar los beneficios de la tecnología al reducir costes, mejorar la eficiencia de las transacciones y aumentar la competencia con nuevos participantes.

Además, se puede pensar que la mayor diversidad de métodos e infraestructuras de pago es positiva en términos de estabilidad financiera.

No obstante, han de vigilar que no se deteriore la integridad del sistema de pagos. Deben asegurarse que estos nuevos servicios de pagos se garantizan de forma continua, no se interrumpen y no comprometen otros ámbitos del sistema financiero.

Este reto es importante teniendo en cuenta que el sistema financiero se hace más descentralizado y se introduce en un entorno tecnológico, donde el riesgo operativo pasa a tener una nueva dimensión de ciberseguridad.

Los reguladores y supervisores financieros y los organismos internacionales están haciendo ya un seguimiento continuo de los desarrollos tecnológicos, y se puede decir que el término fintech está dando paso al término regtech, según el cual la nueva tecnología facilitará también la labor de vigilancia del sector financiero.