El método emprendedor de Gabriel Colla: del bazar de sus padres a crear Infocorp

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Fuente: El Empresario 

En 1994, con 21 años, Gabriel Colla junto a su amigo Andrés Rosano (quien luego dejó la empresa) firmó un acuerdo con Microsoft y cofundó Infocorp para dictar clases de Windows, Excel y Word a empresas. Pasaron 26 años, y en mayo le tocó firmar otro acuerdo: el de la venta de la compañía al grupo canadiense Constellation Software.

En el medio, la empresa creció, estuvo por fundirse y se internacionalizó hasta transformarse en una de las tecnológicas más importantes del país, con 171 empleados, oficinas en Montevideo y Colonia, Chile, República Dominicana, Colombia y Puerto Rico, y unos 200 clientes en América Latina.

Con la venta el ciclo se cerró y Colla asegura que está contento, tranquilo y agradecido, porque se logró lo «mejor para todas las partes», pero admite que aún pasa por una «licuadora» de sentimientos. Es que la venta, una decisión menos difícil que la que tomó hace 10 años cuando dejó el timón de la empresa, llegó «sin que lo buscara» y en el «mejor momento de la compañía». El coronavirus jugó su parte también y eso lo llevó incluso a dudar de si la transacción finalmente se llevaría a cabo.

También dice que la venta no le cambiará mucho su rutina ni su espíritu emprendedor. Colla hoy reparte su tiempo entre las diferentes spinoff Bankingly, Prisma, ICTecnología, ICVentures (que no son parte de la operación), empresas donde tiene inversiones y otros proyectos personales.

Confiesa que de programación sabe poco, su pasión está en entender a la tecnología desde el punto de vista funcional, de cómo le puede mejorar la vida a alguien.

Desde su primer local sobre la calle Canelones y Bulevar Artigas donde se impartían clases y él vivía en el altillo, hasta las recientes y modernas oficinas en Punta Carretas, forjó una cultura sobre los pilares de «confianza y hacer las cosas con amor». Pilares que aprendió en su infancia entre los pasillos del bazar familiar, donde realizó varias tareas y, asegura, cursó su «MBA de la vida». Pero dice que aprendió sobre todo de su madre, quien sin terminar sus estudios fue peluquera, cosmetóloga, artista; de su padre repartidor de Coca-Cola, que pregonaba la humildad; y de su hermano, la «cabeza disruptiva» del negocio. El karate, deporte que practica desde niño, complementó su carácter con valores.

Fue en el bazar que nació su pasión por la electrónica. Cuando tenía 12 años anexaron el rubro electrodomésticos y comenzó a desarmar aparatos, pero no armarlos. A los 16 años, tras cursar Técnico en Electrónica en la Universidad ORT y conseguir su primer trabajo, «prendió» el ADN emprendedor («no por el dinero en sí sino para ser independiente, ganar libertad»). Un año después, se fue a vivir con un amigo y cuatro más tarde nació Infocorp.

Ahora, tras la operación de venta al grupo canadiense, Colla reflexiona que si bien estos procesos son intensos para una empresa uruguaya, cuando el momento llega todo es más «fácil» si se «hizo todo con profesionalismo desde el inicio».

-¿Qué tienen en común Infocorp y el bazar de sus padres?
-La filosofía detrás de la pregunta «¿en qué te podemos ayudar?». Mi madre se hizo cosmetóloga porque alguien entró al bazar, comentó que quería mejorar su apariencia y ella buscó cómo ayudarla. El bazar hacía cosas por fuera de lo típico del bazar. En Infocorp pasa lo mismo y se aplica en todo, en la interna también. Por ejemplo, cuando contraté a Ana Inés (Echavarren, actual CEO), ella quería hacer un MBA al salir de su carrera de ingeniería y buscaba una empresa que la apoyara. Era lo que ella necesitaba y así comenzamos un camino juntos que nos trajo hasta aquí.

-Infocorp pasó por varias etapas, ¿cuándo sintió que la empresa dio el gran salto?
-Fueron varios momentos, sobre todo cuando personas depositaban su confianza en la empresa. Cuando el gerente de Microsoft nos dio su representación, cuando el gerente de Santander confió en nosotros para su software, cuando Daniel Ferrere y Andrés Cerisola (primeros inversores de la compañía) nos dijeron que querían invertir para salir al exterior, cuando las empresas de Puerto Rico nos presentaban como una compañía que hacía cosas muy importantes. Cuando Francisco Ravecca y Carmen Correa desde Endeavor nos ofrecieron participar como emprendedores.

-¿Cómo llegó la oferta de compra de Constellation?
-Fue a mediados de 2019, el mejor año en la historia de Infocorp y sin que lo buscáramos; estábamos en proceso de búsqueda de capital para crecer. Así que el contacto inicial fue muy apático, porque pensamos que no era verdad. Hay muchos mails y mensajes en LinkedIn por parte de la empresa que nunca vi. Entonces, recurrieron a Endeavor para acercarse a nosotros. Al principio nuestro objetivo fue cerrar una inversión con ellos, hasta los últimos días insistimos en conservar parte del paquete accionario, pero el grupo solo adquiere el 100% de las compañías.

-No buscaban la venta y era uno de los mejores años para la empresa, ¿por qué venderla?
-Pesó en parte que la empresa canadiense compra compañías y las deja en su estado original, no las fusiona, no les cambia el management ni el nombre, y sobre todo no las vuelve a vender. Además, ellos tienen muy en cuenta la cultura de la empresa, la manera de hacer las cosas y las mantienen. Así, por ejemplo, Ana Inés seguirá como CEO. Es una forma de cerrar un ciclo que es bueno para todos. Somos la única empresa de tecnología para bancos que han comprado en América Latina y este es un grupo que intercambia experiencia entre sus más de 500 empresas de industrias y países distintos y esto potenciará a Infocorp.

-¿Cómo lo procesó usted?
-Al inicio tuve una etapa de negación hasta que en el verano llegó la carta formal de la compra que fue un momento contradictorio para mí. Por un lado estaba muy agradecido y a la vez me generó una licuadora de emociones porque es como si se llevaran a alguien querido. Hay momentos de tristeza, pero sé que es muy positivo para todos y con el tiempo también para el ecosistema de emprendedores uruguayos. El día de la firma lo viví con un grado de sorpresa muy alto, junto a Andrés (Cerisola) y Ana Inés (Echavarren) pasamos cerca de cuatro horas firmando documentos. Pero me hace realmente feliz y me llena mucho ver a otros que le brillen los ojos, sentir que se pueden realizar, sacar su máximo potencial y crecer. Hoy es muy importante para el mundo empresarial entender que esto compatible con los objetivos de una empresa de los resultados económicos, que las personas que te rodean pueden hacer lo que aman.

-La venta coincidió con el coronavirus, ¿incidió en algo?
-Es un proceso muy intenso del que participaron más de 40 personas y la llegada del coronavirus lo complicó más. Pero como desde el inicio en Infocorp nos propusimos hacer las cosas bien, lo más profesional posible aunque fuera contraproducente para sobrevivir por el tamaño y el presupuesto que teníamos, no tuvimos problemas. Y tener a Andrés hizo la diferencia. Fue alguien que en estos 20 años participó del crecimiento de la empresa y en la última milla fue estratégico para que la venta se efectuara.

-Hace 10 años dejó el rol de CEO. ¿Se asemeja ese momento con el actual?
-Son diferentes. Dejar el rol de CEO de Infocorp fue más difícil, porque ahí se juega más en lo cotidiano, en tomar decisiones, en liderar, eso genera mucho estrés que ya no quiero volver a sentir. Desde ahí dejé de ser el «papá» para ser el «abuelo» de la empresa y mirarla con otros ojos. Además, con Andrés seguiremos como advisors (asesores). En el medio aparecieron los spinoff, para mí los «nietos». Por esto, el mañana no cambia mucho para mí. En estos 10 años le dediqué más tiempo a esas empresas que a Infocorp y, además, nunca dejé de emprender. Estoy con emprendimientos varios que tienen foco en el impacto social, cultural, educativo, filosófico, con niños y adultos mayores. A la pregunta de qué pasará en el futuro, la respuesta me la dio mi hijo el día antes de la firma del contrato, cuando le conté lo que iba a pasar: «Mañana te vas levantar y hacer las mismas dos tostadas de siempre». Y así fue.

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