Habilitación de nuevos mercados en el sector financiero con las API abiertas como base de las operaciones

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Por Pedro Solórzano, Ejecutivo de Ventas de Red Hat para Centroamérica y el Caribe | Digital Trends

La pandemia que azotó el planeta el año pasado golpeó duramente a las economías. Las consecuencias no sólo se sintieron en el ámbito de la salud sino también en el modo de afrontar
situaciones cotidianas, como el uso del dinero. Una encuesta del ITCN (Instituto de Estudios Estratégicos sobre Tecnología y Ciclo del Efectivo) realizada en ocho países, cinco de los cuales son latinoamericanos, mostró un crecimiento tanto en el uso del efectivo físico como en los pagos digitales en este periodo. Las tarjetas de crédito y débito, las transferencias bancarias, los depósitos directos y los pagos en línea pasaron a formar parte de la vida diaria.

La pandemia aceleró una serie de tendencias en el comportamiento de los consumidores y las empresas e introdujo la necesidad de realizar nuevas adaptaciones, como la reestructuración de las cadenas de suministro y del comercio internacional.

Uno de los cambios más importantes ha sido el paso del sistema bancario “físico” al “virtual” donde el término “abierto” ha cobrado preponderancia en el sector de los servicios financieros. En la práctica, este concepto se refiere a la capacidad de las empresas de exponer sus servicios al mundo exterior, de modo tal que tanto socios como competidores puedan aprovecharlos para agregar valor para el cliente.

Esta tendencia está impulsada por la evolución tecnológica de las API (Interfaces de Programación de Aplicaciones) abiertas, que son las puertas digitales que hacen posible esta comunicación.

Las API abiertas allanan el camino hacia el futuro

En su nivel más básico, una API es un conjunto de rutinas, protocolos y herramientas que se utilizan no sólo para construir aplicaciones de software, sino también para determinar cómo
éstas deben interactuar. Un estudio de McKinsey predice que, en los próximos cinco años, el 60% de los bancos estará en riesgo al competir con las empresas de tecnología financiera en áreas como el crédito al consumo, hipotecas, préstamos a pequeñas empresas, pagos en el comercio minorista y gestión de patrimonios.

Ante estas perspectivas, los bancos de todo el mundo se están enfocando en estrategias para migrar hacia un plan más amplio basado en API abiertas. El objetivo es garantizar el acceso a los procesos de las transacciones bancarias en varios frentes: gestión del dinero en efectivo, gestión de la liquidez y tesorería. Al comprender esta tendencia, podemos ayudar a anticipar y, en cierta forma, predecir las implicancias de la adopción de las API abiertas en el sector de los servicios financieros, a fin de responder mejor a los desafíos y aprovechar las nuevas oportunidades.

Un pilar fundamental en las directivas

La implementación de API abiertas es el fundamento ideal para operar con éxito frente a tantos marcos regulatorios que afectan a la industria de los servicios financieros. Prueba de ello es el papel que juega ante los impactos que genera la directiva de pagos y la implementación de soluciones tan innovadoras como la Banca Abierta, que busca simplificar el acceso a los datos abiertos al entregarle el control al cliente. El advenimiento de las Finanzas Abiertas y las nuevas directrices sobre medios de pago, teniendo en cuenta la relevancia de la directiva PSD2 — medida con la que los reguladores europeos vienen presionando a los bancos para que abran sus datos y sus arquitecturas —, dan origen a nuevas estructuras organizativas en las instituciones financieras y a modelos de negocio transformadores en la era digital.

Entre los pioneros en América Latina se encuentran la primera regulación sobre Banca Abierta, aprobada en Brasil en mayo de 2020, y la ley de Empresas de Tecnología Financiera, aprobada en México, cuyo artículo 76 obliga a las entidades financieras a publicar las API.

El objetivo es que las soluciones de banca abierta ayuden a combatir el problema de la desbancarización. Según datos del Banco Mundial, que figuran en una encuesta realizada por Mastercard, a enero de 2020, sólo el 55% de los latinoamericanos adultos poseía una cuenta bancaria. En este escenario, existe un creciente movimiento de inversiones en tecnología en el sector bancario.

Más ventajas que riesgos

Entre los principales beneficios de las API abiertas se encuentra el intercambio de datos más actualizados y precisos entre clientes y empresas, además de la libertad de poder acceder al sistema bancario en tiempo real. Esta clase de aplicaciones permite a los clientes comparar mejor y de manera más clara los servicios y las tarifas en función de características más personalizadas y, de este modo, pueden tomar decisiones más estratégicas y economizar más.

La creación de nuevos servicios a medida en los ámbitos bancario, de pagos y seguros también ofrece experiencias que se adaptan más fácilmente a cada persona y son escalables para optimizar los recursos. Además, las API abiertas promueven la colaboración entre los bancos y las empresas de tecnología financiera para agilizar los procesos y cultivar una cultura de innovación cada vez más necesaria.

A través de las interfaces abiertas, que permiten a terceros crear servicios en torno a la institución financiera, los bancos se están volviendo “programables” de manera segura y controlada. Según Nordic APIs, una comunidad internacional de profesionales y entusiastas de las API, el número de plataformas bancarias globales de API creció casi un 19% entre el cuarto trimestre de 2019 y el primer trimestre de 2020. La cantidad de productos bancarios basados en las API en este periodo creció un 58% y el 72% de los 50 principales bancos del mundo han adoptado una plataforma de API.

Como contrapartida, entre los principales riesgos asociados a la aplicación de las API abiertas se encuentra la mayor posibilidad de que existan ciberataques debido a la potencial vulnerabilidad de las conexiones entre las instituciones y la necesidad de invertir en nuevas tecnologías de seguridad y verificación para combatir las ciberamenazas más sofisticadas y desconocidas.

Habilitar el open banking en la práctica

El open banking se ha convertido en un fenómeno mundial desde el punto de vista de la competencia del mercado, y no es casualidad. La encuesta “La banca como negocio vivo” realizada por Accenture señala que el 49% de las personas estarían dispuestas a confiar su dinero a empresas como Google, Apple, Facebook y Amazon, mientras que el 20% aceptaría transferir su capital de una institución tradicional a una empresa de tecnología financiera.

El sistema permite a los clientes acceder al mismo nivel de funcionalidad por medio de aplicaciones de proveedores externos (TPP), además de los canales en línea de su propio banco. Entre las facilidades que ofrece la banca abierta están los pagos entre pares (P2P), independientes de un servidor central; la gestión integrada de múltiples cuentas y comodidades como la simulación de balances, la venta cruzada de productos bancarios y no bancarios y un mejor análisis del riesgo crediticio. Además, el open banking también permite el agregado de cuentas y la creación de ofertas adaptadas al estilo de vida, así como servicios de identificación y autenticación de gran confianza.

El éxito de la implementación depende de la aplicación de la tecnología por medio de estándares de integración o Patrones de Integración Empresarial (EIP) que rigen las cuestiones relacionadas con la gestión de las API, la infraestructura, la seguridad y la mensajería. El modelo operativo debe tener en cuenta una estrategia a largo plazo que integre el gobierno, las nuevas capacidades y los conocimientos técnicos adecuados. Para ser eficaces, las alianzas deben contemplar la colaboración de toda la cadena de valor y de los organismos reguladores y organizaciones industriales, con portales para el desarrollador y canales de educación para los clientes.

Infraestructura ágil y superposiciones digitales

Existen muchas iniciativas bancarias en curso impulsadas por factores como la normativa, la innovación y la competencia. Estas iniciativas suelen requerir la gestión simultánea y veloz de diversas variables. Esa es la magnitud del desafío al que se enfrentan los directivos y altos mandos cuando intentan implementarlas y gestionarlas. Aunque las API abiertas y el open banking son un tema candente desde hace tiempo, se ha hablado muy poco de las superposiciones digitales u overlays, que son la clave para liberar todo su potencial puesto que proporciona soluciones listas para usar pensadas para integrarse de manera nativa con su infraestructura actual.

Uno de los secretos es contar con una infraestructura ágil que permita gestionar múltiples iniciativas al mismo tiempo. Muchas organizaciones han hecho grandes progresos, invirtiendo en tecnologías que les permiten desarrollar e implementar nuevas soluciones para adaptarse a las nuevas tendencias y reglamentaciones del mercado. Algunas de estas inversiones han sido en tecnología de nube y arquitectura de microservicios, con un enfoque de API abierta, que les permite ampliar las capacidades actuales con muy poco esfuerzo de desarrollo y mínima integración.

El objetivo final es facilitar la integración de diversos sistemas. Al proporcionar este nivel de acceso, tenemos la oportunidad de trascender el concepto inicial, como el ejemplo de los smartphones. Al convertir los teléfonos móviles en dispositivos digitales, abrimos la plataforma a una serie de recursos nuevos, como la navegación por internet, las fotos, las películas, ver televisión, escuchar música y realizar operaciones bancarias. Del mismo modo, podemos aprovechar las API abiertas y la arquitectura de microservicios que actualmente se implementan en las aplicaciones bancarias para ampliar los recursos, de manera muy similar al ejemplo del smartphone.

Desarrollar o comprar, esa es la cuestión

Cuando el sector financiero adopta las API y las herramientas de intercambio de datos que prometen transparencia, educación financiera y bienestar, es cuando surgen las oportunidades y los retos. Pero el camino para alcanzar estos objetivos es sinuoso y está plagado de obstáculos. Las instituciones financieras, que durante mucho tiempo fueron los pilares del ecosistema financiero, hoy se enfrentan a un arduo camino de transformación digital. Antes de dedicarse a cuestiones más complicadas, como la monetización de las API o el mantenimiento de un ecosistema de desarrolladores, hay un dilema inicial por resolver: ¿deben las entidades financieras crear las API abiertas en forma interna o comprarlas a una empresa especializada?

No existe una respuesta definitiva. Construir su propia solución de API significa que es dueño de la propiedad intelectual, lo que en el largo plazo puede resultar útil. Pero comprar también conlleva ciertas ventajas que son difíciles de ignorar, como la velocidad de comercialización y el costo. La decisión de desarrollar o comprarle a un socio especializado dependerá de cuestiones estratégicas y del grado de madurez de la TI, dado que las instituciones son distintas y tienen diferentes requisitos y recursos.

Sea cual sea el camino que se elija, en vista de las ventajas de las API abiertas en términos de agilidad, mayor comodidad y valor añadido para el cliente, su aplicación es un camino sin retorno para las empresas que deberían destacarse de la competencia. En un periodo de gran incertidumbre debido al impacto desigual que tuvo la pandemia en todo el mundo, la llegada de la Banca Abierta y las Finanzas Abiertas impulsará la recuperación de las economías y acelerará la inclusión financiera

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