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Pagos Móviles en América Latina

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El Blog de Carlos Ríos.

Con ocasión del 3er Congreso Latinoamericano de Pagos Móviles, que se realizará en Miami en Diciembre de este año,  M for Mobile, la empresa organizadora publicó una entrevista a dos importantes ejecutivos bancarios: Jerry Bower, Director Internacional de Pagos Móviles de Scotiabank y Marcelo Scaglia, Managing Director de Banamex/Citi, ambos con amplia experiencia en banca transaccional y en particular en pagos móviles, tema este último en el cual han desarrollado exitosas iniciativas tales como Tcho Tcho Mobile en Haití y Transfer, que actualmente opera en México y que está siendo implementada en otros países de América Latina.

Me parecieron interesantes los planteamientos presentados en la entrevista, y por eso intentaré presentar una visión condensada de los mismos en este post.

foto carlos rios

Ambos ejecutivos ven los pagos móviles como un gran espacio de oportunidad para la banca, en especial como una vía para incorporar a las transacciones bancarias a grupos importantes de la población que no están bancarizados. Los números que avalan esta oportunidad dicen relación con la alta penetración de los servicios móviles en la mayoría de los países de América Latina, la cual en muchos casos llega al 100%. Esto se compara con la baja penetración de los servicios bancarios, la cual en promedio en nuestro continente no supera el 30% de la población. La expectativa es que este mercado crezca en forma exponencial en los próximos años, superando a la larga, el número de clientes de la banca tradicional.

La tecnología móvil permite a los proveedores de servicios financieros acceder a consumidores que, por razones de distancia o costos, antes se consideraban imposibles de bancarizar, pero para ello se requieren no solo cuentas, sino redes de aceptación cercanas y de confianza de los consumidores en el sistema. En otras palabras, se requiere un completo ecosistema de dinero móvil donde deben participar colaborativamente múltiples entidades: bancos, operadores móviles, proveedores de pago, redes de aceptación, y proveedores de servicios de valor agregado, entre otros. Todo esto además, adaptado a la cultura de cada país, y a su marco normativo y regulatorio.

Todo esto es complejo de lograr, y de hecho, de más de 120 proyectos de pagos móviles identificados alrededor del mundo, solo 11 pueden considerarse exitosos. En todos los casos de éxito, la constante es que había una visión clara de necesidades muy específicas de los clientes finales que las soluciones implementadas contribuyeron a resolver.  Desde ese punto de vista, los distintos actores tienen que tener  siempre estos objetivos en el centro de su visión, en lugar de sus objetivos propios.

Como ejemplo de esto se pone el caso del objetivo de los bancos en reducir el uso del dinero en efectivo, este objetivo, muy razonable desde el punto de vista de disminución de costos y mejoras de eficiencia de los sistemas financieros, puede no ser compartido por los consumidores finales que se sienten cómodos utilizándolo.

El enfoque entonces, debe dirigirse a entender el punto de vista de los clientes no bancarizados, los pequeños comerciantes, la pequeña empresa, los beneficiarios de beneficios sociales y pensiones, etc… Y centrarse en sus necesidades para el diseño de la propuesta de valor.

Ejemplos de las iniciativas exitosas son los casos mencionados arriba: Tcho Tcho Mobile se lanzó a fines del 2010 en Haití, un país con un 90% de población no bancarizada, y a la fecha cuenta con cerca de 500.000 subscriptores y más de 6 millones de transacciones. En el caso de Transfer, se lanzó en abril de 2012 y espera terminar este año con sobre un millón de subscriptores habiendo superado ya el millón y medio de transacciones.

En ambas iniciativas se buscó resolver necesidades concretas de grupos de personas a las cuales la banca hasta ahora no atendía, usando un lenguaje accesible a dichos segmentos de mercado, y con una oferta de valor integrada entre varios actores.

Un desafío particular es el desarrollar las redes de aceptación, donde los objetivos son diversos, por una parte incorporar a los comerciantes que ya participan en redes de transacciones de pago, y por otra conquistar nuevos segmentos de pequeños y micro-comerciantes que no están bancarizados y operan principalmente basados en el uso de efectivo. Para el primer grupo, se requiere integrarse con los procesos de pago que ya existen, de modo de no aumentar la complejidad de atención de estos nuevos clientes, para el segundo grupo se deben identificar beneficios tangibles para ellos de participar en estas redes, potenciando sus posibilidades de incrementar sus ingresos y reducir riesgos asociados a falsificaciones y robos. Esto además en algunos casos requiere la revisión de las exigencias normativas para adaptarlas a las posibilidades de estos segmentos, para lo cual además se requiere la participación de las autoridades que establecen estas normativas.

Por último, los comercios en general no estarán dispuestos a adoptar múltiples modelos y esquemas de pagos móviles promovidos por distintas entidades bancarias o actores financieros, por lo tanto el desarrollo de estos ecosistemas requiere que estas entidades, junto con los otros actores, lleguen a acuerdos en modelos simples de interoperabilidad que permitan que el sistema crezca y se desarrolle. Esta probablemente es la dificultad mas grande de todas, y la razón por la cual el desarrollo de los pagos móviles ha sido mucho más lento que la evolución de las tecnologías que lo pueden soportar.

Sin embargo, las experiencias exitosas demuestran que una vez que los distintos factores se alinean de la forma correcta, el crecimiento de la demanda viene con fuerza. No cabe duda de que a la larga esto ocurrirá.

En mi opinión en Chile están presentes muchos de los factores necesarios para que los pagos móviles se desarrollen, un mercado financiero sólido y con interés creciente en incorporar nuevos segmentos que a su vez han ido mejorando su nivel adquisitivo, un muy alta penetración de los servicios móviles, un creciente desarrollo de redes de transacciones cuya cobertura se orienta hacia pequeños comerciantes, tales como la Caja Vecina, Multicaja o Redelcom, las cuales se suman a las redes bancarias tradicionales, y un interés del estado de promover la bancarización y la migración hacia transacciones electrónicas.

Los vídeos promocionales a continuación muestran como estos productos han sido posicionados en sus respectivos mercados.

Fuente: carlosriosp.blogspot.com