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La Banca Comunal

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Fuente: iadb.org (Autor: Lucy Conger)

Servicios financieros para quienes menos tienen

La banca comunal se concentra en los clientes más necesitados y más difíciles de alcanzar en el universo de las microfinanzas: personas de muy bajos ingresos, casi siempre mujeres en zonas rurales. La banca comunal lucha por ofrecer a estos clientes algo más que servicios financieros: un paquete más amplio que satisfaga las necesidades de las microempresarias y las haga dueñas de sus decisiones al dejar en sus manos el manejo de cuentas especiales.

Las conclusiones de estudios realizados recientemente en América Latina confirman que la banca comunal atiende de manera efectiva a la mujer rural pobre con servicios de ahorro y crédito. Sin embargo, agrega Glenn Westley, asesor principal de la División de Micro, Pequeña y Mediana Empresa del Banco Interamericano de Desarrollo, las mejores prácticas convencionales de la banca comunal deberían ser más flexibles para responder mejor a las necesidades de los clientes. Utilizando esta particular metodología, en la actualidad 47 instituciones microfinancieras atienden a 410.000 clientes en 11 países latinoamericanos, con una cartera total combinada de US$61 millones. En la región, otros 350.000 prestatarios son atendidos con financiación basada en grupos solidarios.

La banca comunal es un conjunto de servicios suministrados a clientes pobres por una variedad de instituciones que sirven a la microempresa: bancos regulados, cajas de ahorro y crédito, bancos rurales y ONG no reguladas. Los servicios comprenden no solamente el crédito sino también ahorro, así como programas educativos que cubren capacitación empresarial básica y, en algunos casos, cursillos sobre salud o exámenes médicos. Uno de los rasgos más originales de esta banca es la creación de la llamada “cuenta interna“, una pequeña suma de ahorros y recursos de crédito administrada por cada grupo solidario que otorga mayor poder de decisión a las clientas, pues ellas determinan cómo se usan esos fondos.

De todo como en botica

Westley describe a los bancos comunales como grupos de unos 15 a 30 miembros que se reúnen y adoptan reglas, eligen representantes, reciben depósitos de ahorro, aprueban préstamos y registran todas sus transacciones. El banco comunal recibe un crédito de una institución de banca solidaria (IBS); sus miembros garantizan el crédito como grupo. Si el grupo no paga, usualmente la IBS le suspende todos los servicios. En cuatro de las principales IBS de América Latina estudiadas por el BID se exige a los miembros de los bancos comunales que ahorren entre 10 y 32% del monto que van a solicitar. Estos ahorros operan como garantía en efectivo del crédito otorgado por la IBS. Durante sus reuniones periódicas, los miembros del banco comunal realizan pagos de amortización, hacen desembolsos o reciben o entregan ahorros. Los grupos también pueden participar en cursos de capacitación sobre gestión empresarial, salud, nutrición y planificación familiar.

En América Latina, el monto promedio de un préstamo a clientes de la banca comunal es de US$150, evidencia clara de la capacidad de esta modalidad de llegar a clientes de muy bajos ingresos. En cambio, el monto promedio de un crédito para miembros de un grupo solidario convencional es de US$329, mientras que para un prestatario individual es de US$980.

El estilo de trabajo y los servicios de la banca comunal se adaptan particularmente bien a los pobres y a clientes en zonas rurales, según Christopher Dunford y Beth Porter de la ONG Freedom from Hunger, una organización estadounidense que ha ayudado a lanzar bancas comunales para mujeres pobres en 16 países. La banca comunal cuenta con agentes que van directamente al cliente, incluso en las comunidades más remotas, donde prestan sus servicios “en un ambiente amigable e informal“, según Dunford y Porter. Los créditos de bancos comunales no suelen requerir garantías reales, pues para los pobres es muy difícil cumplir con este requisito. Los representantes de Freedom from Hunger sostienen que, al administrar sus propios créditos, los miembros de los bancos comunales ganan confianza en sí mismos, mientras que la participación en programas educativos refuerza la cohesión.

No obstante los desafíos que implica trabajar con los pobres, la banca comunal ha acumulado un notable historial de altas tasas de recuperación de cartera, buena productividad de los agentes de crédito y altos rendimientos de la cartera bruta. Las mejores IBS de América Latina muestran un mayor retorno ajustado sobre activos, así como una tasa de autosuficiencia financiera y operacional más elevada que la de los mejores proveedores de crédito individual.

Cuatro de las principales IBS estudiadas por el Banco Interamericano de Desarrollo —Compartamos de México, CRECER de Bolivia, FINCA de Nicaragua y Pro Mujer Bolivia— ilustran las diversas maneras en que se puede gestionar la banca comunal. En 2004, CRECER obtuvo el premio del BID a la excelencia en microfinanzas para instituciones no reguladas. Estas cuatro microfinancieras ofrecen servicios de banca comunal dentro de sus varias estructuras institucionales. Compartamos, una afiliada de ACCIÓN International, es una institución regulada que no recibe depósitos. CRECER es una ONG que recibe ahorros y otorga préstamos de capital de trabajo, además de ofrecer a sus clientes educación participativa en finanzas, gestión empresarial, autoestima, manejo de grupos y salud, incluyendo nutrición de infantes y niños, así como salud y planificación familiar. FINCA Nicaragua, otra ONG, es la filial más grande de FINCA International en América Latina y ofrece exclusivamente servicios financieros: crédito y ahorro. Pro Mujer Bolivia, también ONG, es la filial más grande de la red ProMujer. Además de servicios de ahorro y crédito, ofrece otros de carácter no financiero, entre ellos educación grupal y asesoría individual en desarrollo empresarial, planificación familiar, salud reproductiva, embarazo y parto, así como exámenes de atención primaria de salud a los miembros de la banca comunal.

Estas cuatro IBS exhiben excelentes tasas de recuperación de cartera, con una mora que oscila entre 0,1 y 1,2% de la cartera de crédito. Tanto CRECER como Pro Mujer tienen una mora de 0,1%. Los bancos logran mantener una tasa de repago sobresaliente y al mismo tiempo llegan a una numerosa clientela. La más pequeña es FINCA Nicaragua, con 29.000 clientes, y la más grande es Compartamos, con 145.000. Su capacidad de llegada supera entre 3 y 15 veces el número de clientes de una IBS promedio de América Latina, que por lo regular atiende a cerca de 10.000 clientes. La clientela de las cuatro IBS es mayoritariamente femenina: las mujeres constituyen entre el 95 y el 100% de todos los prestatarios y la mayoría de ellas son pobres, tal y como lo indica el promedio de los préstamos por pagar, que en el caso de FINCA Nicaragua es de US$109, en Pro Mujer Bolivia de US$143, en CRECER de US$145 y en el caso de Compartamos de US$298.

El ingrediente que falta

A criterio de Westley, las prácticas de la banca comunal contienen una serie de elementos rígidos que representan desventajas para los clientes. Los términos de los créditos son idénticos para todos los miembros del grupo, quienes deben comenzar a pagar en la misma fecha, cumplir con las amortizaciones en los mismos intervalos (por lo general semanal o quincenalmente) y completar el repago del préstamo en la misma fecha. Asimismo, todos los miembros tienen el mismo monto máximo de préstamo, independientemente de las distintas necesidades que puedan tener sus negocios o de su capacidad de endeudamiento. El techo de los montos de crédito es por lo general más bajo que el de los préstamos individuales que otorgan las IMF. Igualmente, el ahorro obligatorio puede tener implicaciones adversas ya que congela recursos que el cliente podría estar utilizando para desarrollar su negocio.

En un principio, la lógica de aplicar los mismos términos de crédito y cronograma de amortizaciones a todos los miembros del grupo se basaba en la necesidad de reducir los costos administrativos de la banca comunal y aumentar la productividad de los agentes de crédito. En América Latina hay cada vez más evidencia de que las IMF que hacen préstamos individuales superan el desempeño de las IBS en materia de eficiencia, medida como el número de prestatarios por agente de crédito. Para Westley, las ventajas más importantes de la metodología de las IBS tienen que ver realmente con la oferta de servicios de ahorro y servicios no financieros, así como con la creación de vínculos y con el empoderamiento de la clientela.

La banca comunal impone a sus clientes exigencias adicionales a las de los programas de crédito individual. Cada semana o cada quincena los clientes de la banca comunal deben viajar para asistir a largas reuniones, además de que deben asumir el riesgo de suministrar una garantía solidaria para el crédito grupal.

Para las principales IBS, la tasa de retención de clientes es sólida pero inferior al promedio de la industria microfinanciera en general. La tasa de retención de clientes en Finca Nicaragua es de 62%, de 58% en las siete filiales de FINCA en América Latina y de 65% en Pro Mujer Bolivia. En Compartamos, la tasa general de retención es de 92%, pero esta tasa incluye tanto a clientes de banca comunal como a los más numerosos clientes de créditos individuales.

En cambio, la tasa promedio de retención para las más de 15 filiales de ACCIÓN International en América Latina es de 73%.

Estos datos destacan la necesidad de aumentar la flexibilidad y mejorar la capacidad de respuesta a los clientes, dice Westley. Dada la solvencia y el sólido desempeño de las IBS que trabajan con mujeres pobres en zonas rurales, hay margen para adoptar mejores prácticas.

Entre los cambios importantes figuran aumentar el límite de los préstamos y reducir el período requerido para que los clientes acumulen un historial de repago antes de que se les permita solicitar sumas mayores. Westley sugiere que CRECER y Pro Mujer Bolivia flexibilicen su estricto requisito de que los usuarios repaguen seis y nueve ciclos de crédito de cuatro y seis meses, respectivamente, si quieren calificar para el monto máximo. Y advierte: “A los clientes con negocios dinámicos se los retrasa por años“.

Los ahorros forzosos también pueden abortar el crecimiento de un negocio. Para Westley, las IBS pueden analizar el historial de repago de sus bancos comunales y, cuando sea bueno, podrían limitar los ahorros forzosos a un máximo de 20% del monto prestado al cliente bajo el crédito actual. Al hacer un análisis de riesgo de cada banco comunal, la IBS podría diseñar una escala que permita que los bancos comunales que cuenten con un historial de repago impecable sólo tengan que ahorrar 5% del monto del préstamo, hasta 10% en el caso de aquellos con una trayectoria de pago razonable y entre 15 y 20% para aquellos con historiales de repago más complicados. Esta flexibilidad daría a los clientes más capital de trabajo para sus negocios, mientras que aquellos que así lo deseen pueden canalizar más recursos al ahorro voluntario.

Además, debería haber más opciones en cuanto a términos de crédito. La frecuencia de amortización podría ser quincenal en lugar de semanal, a fin de reducir el tiempo que los clientes deben dedicar a reuniones y aumentar la productividad de los agentes de crédito. El período de repago para los créditos debería flexibilizarse para que los clientes puedan escoger entre créditos a largo plazo con cuotas de amortización más bajas o préstamos a corto plazo con pagos de amortización más grandes.