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I&D: la punta del iceberg de la innovacion

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No falta informe sobre la economía chilena que no critique nuestra baja productividad y que no recomiende medidas para la innovación, en especial, la investigación y desarrollo (I&D). Así indican que mientras los países desarrollados invierten entre 2%-3% de su PIB en I&D, nosotros apenas invertimos 0,5% y nuestro sector privado un escuálido 0,2%. De ahí es que suelen recomendarse incentivos tributarios para elevar la inversión en I&D.

Considero esencialmente errado este tipo de análisis. Por cierto, me preocupa que la gran mayoría de empresas chilenas trabaje con una productividad menos de la mitad de la de sus símiles en los países desarrollados. Sin embargo, no es así porque no hacen I&D, si no porque no han sabido imitar inteligentemente las mejores prácticas y tecnologías disponibles internacionalmente y más aptas para Chile y adaptarlas en sus empresas. En efecto, es esta habilidad, y no su I&D, lo que explicó el acelerado crecimiento de Japón en su momento, posteriormente de los “Tigres” asiáticos y ahora de China e India. Y, en mi opinión es lo que le falta a la gran mayoría de empresas chilenas en esta fase de su desarrollo cuando trabajan con prácticas y tecnologías muy por debajo de lo ya existente en el mundo.

Dos ejemplos. La introducción de tarjetas de crédito revolucionó el uso de crédito en Chile, pero no se inventaron acá. La innovación consistió en darse cuenta que este producto, ya masivo en otros países, estaba maduro para su introducción en Chile. Mi punto es que la imitación inteligente y adaptación de una práctica o tecnología ya en uso internacionalmente es tanto o más innovador que I&D. Un segundo ejemplo. No hubo mayor I&D para introducir e impulsar la acuicultura salmonera en Chile. La innovación fue darse cuenta que en otros países con lagos de aguas heladas y con baja polución era muy rentable la acuicultura. Y que de los muchos países con acuicultura Noruega tenía las condiciones más similares a Chile. Así se adoptaron, adaptaron y difundieron rápidamente las tecnologías y prácticas noruegas, con lo que en apenas 20 años nos equiparamos con noruega como primer exportador de salmones (hasta el virus, producto -ahí sí- de no haber hecho suficiente I&D propio).

No estoy afirmando que la I&D no sea necesaria. Mi punto es que se hace más necesaria mientras más las empresas se acercan a la frontera tecnológica de mejores prácticas mundiales. Por cierto, ese relativamente reducido grupo de empresas chilenas cuya productividad está cerca de la “frontera tecnológica” ya no pueden basar sus mejoras de productividad en copiar, si no deben mover la frontera tecnológica ellos mismos innovando por medio de I&D. En efecto, si Codelco o Escondida no innovan en la producción minera o Copec y la CMPC en la producción forestal y de papeles ¿quién en el mundo lo hará por ellos? Sin embargo, éstas son una escasa minoría de nuestras empresas.

Más bien, fomentar la innovación para la gran mayoría de nuestras empresas lejos de la frontera tecnológica requiere promover la búsqueda sistemática y masiva de mejores prácticas y tecnologías disponibles internacionalmente. Propongo fijarnos la meta de enviar al menos 5.000 de nuestros empresarios cada año a visitar 5-6 fábricas de mejores prácticas en su rubro y en su escala de producción. A la vuelta de tales visitas podrían elevar significativamente su productividad a un costo mínimo. Y que la Corfo se dedique a difundir estas mejoras rápidamente al resto de las empresas en el rubro. Por ejemplo, co-financiar tales visitas a razón de US$ 10.000 por empresario le costaría al fisco ?US$ 50 millones al año (1/40 del 1% del PIB, la nada misma).

Concluyo que la forma más rápida e importante para acelerar la productividad de la gran mayoría de nuestras empresas aún a medio andar de la productividad de sus símiles en Europa, USA y Japón es la imitación inteligente de las mejores prácticas y tecnologías ya disponibles en el mundo. I&D, por importante que sea para algunas, es aún la punta del iceberg de una política amplia de innovación para la gran mayoría de nuestras empresas.

Fuente: diario financiero (autor Joseph Ramos)