Por: Luis Medina Lizama
Consultor en Transformación Digital y Estrategia de Negocios en Grupo Digital Bank
Esta última semana he tenido la oportunidad de conversar con diferentes roles dentro de las organizaciones y sin excepción, el concepto resolver un problema o necesidad aparece como algo relevante para construir y mantener una diferenciación. Esto me hizo pensar en todo el foco tecnológico que hoy tienen las empresas y como el concepto de transformación digital ha comenzado a sufrir un cambio, mutando de ser un objetivo a convertirse en un higiénico. Ya no basta con tener la aplicación con mejores reviews o haber migrado el front-end para despejar las sucursales. La verdadera competencia con todos estos cambios no se libra en los servidores, sino en un terreno mucho más profundo: la relevancia en la vida cotidiana del cliente.
Migrar la estrategia de la transacción a la relevancia será una etapa donde el éxito no vendrá de quien ostente la tecnología más costosa, sino de quien logre eliminar la fricción de forma invisible.
El fin de la banca “por producto”
Históricamente, los bancos en Latam se construyeron como estructuras mecánicas con silos muy complejos para conectarse entre sí: tarjetas por un lado, hipotecas por otro y más allá los seguros. Pero el cliente de 2026 no se despierta deseando ingresar a un canal digital por un crédito de consumo con tasa preferencial; se despierta necesitando resolver un problema: emprender, estudiar o adquirir un hogar.
La transición hacia una banca customer-centric exige que la entidad prediga los momentos de vida. Si el flujo de datos indica que un cliente en Santiago o Bogotá está buscando vivienda, el banco no puede esperar a que este “toque su puerta digital”. Debe estar presente de forma integrada en el proceso de búsqueda. En nuestra región, donde la agilidad de las Big Tech ya malacostumbró al usuario, llegar tarde es, simplemente, no existir.
El “Legacy” no es solo código, es cultura
Un obstáculo persistente varias de las instituciones que conversamos es el peso de los sistemas heredados o legacy. Mientras los neobancos nacen en la nube con microservicios, la banca tradicional lucha con núcleos operativos de hace décadas.
No obstante, al acompañar a las empresas en su proceso de transformación digital, observo que: el mayor freno en Latam no es el código antiguo, sino la cultura del comité. La agilidad no es un método de desarrollo de software solamente; es una forma de gestionar el talento y el riesgo. Aquellas instituciones que no logren romper las jerarquías rígidas y fomentar la experimentación real —no solo “laboratorios de innovación” aislados— quedarán rezagadas, sin importar cuánto presupuesto inyecten en su departamento de TI. Pasar de una estructura organización al mecánica a una estructura orgánica.
El dato es el nuevo petróleo el siglo XXI, pero solo si se sabe refinar
Los bancos deben dejar atrás la era de los tableros de control que nos decían qué pasó el día de ayer o la semana pasada. Estamos en la era de la analítica predictiva. La Inteligencia Artificial permite hoy una hiper-personalización que, en un contexto de volatilidad, es la herramienta que entregará valor real tanto para el banco como para el cliente.
En nuestra región, la capacidad de convertir flujos masivos de datos en experiencias que prevengan el sobreendeudamiento o fomenten el ahorro automático es lo que permitirá a la banca tradicional competir con los gigantes tecnológicos que ya acechan el sector.
Hacia una “Banca Invisible” en un mundo de Open Finance
El horizonte apunta a la interoperabilidad. Con leyes de Open Finance avanzando con fuerza en la región, el concepto deja de ser una regulación impuesta para convertirse en la mayor oportunidad de negocio de la década. La meta final es la banca invisible: servicios financieros que ocurren en el momento justo, dentro del flujo de vida del cliente, sin que este tenga que “ir al banco”.
Finalmente me queda la pregunta Por qué la industria financiera no ha logrado colocar la relevancia como pilar estratégico considerando que es el único activo que no se puede comprar; sino que se construye con confianza, utilidad real y, sobre todo, entendiendo que el banco del futuro no es un lugar, sino una solución que acompaña silenciosamente cada clic del usuario.