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La contaminación secreta de los Bitcoins y otros inventos cibernéticos

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A medida que se dispara el éxito y la cotización del Bitcoin, también lo hace el consumo energético necesario para el funcionamiento de esta moneda virtual. Sí, aunque sea digital, el Bitcoin también requiere de energía para su funcionamiento y mucha. Y lo que es peor, la mayor parte de esta energía contamina ya que “los centros de cálculo del Bitcoin proliferan en los países donde la electricidad es más barata, como en los países de Europa del Este, China o la India, que es también donde más se usa el carbón”, explica Marco Miozzo, investigador del Centre Tecnològic de Telecomunicacions de Catalunya (CTTC).

En el argot del sector, a los centros de cálculo se les conoce como granjas de minado. Estas disponen de potentes ordenadores que resuelven los algoritmos que se utilizan para realizar las transacciones entre usuarios de Bitcoin y garantizar la seguridad de estas. Se estima que el 70% de las granjas de minado se encuentran en China, donde se han desarrollado auténticos pools de mineros con enormes granjas de minado.

Según el Digiconomist’s Bitcoin Energy Consumption Index, el Bitcoin ya representa un gasto en electricidad anual de 29,05TWh, el equivalente al 0,13% del total del consumo eléctrico mundial. Para que se hagan una idea: el Bitcoin precisa ya de más electricidad que más de 159 países individualmente. Por ejemplo, requiere un 16% más de electricidad que toda Irlanda. Si los mineros del Bitcoin fueran un país, estarían en el puesto 61 en términos de consumo de electricidad.

El del Bitcoin no es un caso aislado en el mundo de las TIC. Aunque puedan parecer completamente inofensivos, los correos electrónicos, las búsquedas por internet o la visualización de videos online también requieren de grandes consumos energéticos y, por tanto, también contaminan. Un ejemplo, al utilizar una tableta o un smartphone para visualizar una hora de video semanal, al cabo de un año habremos consumido más electricidad que dos neveras nuevas.

Ya en el 2013, el informe La nube empieza con el carbón, advertía que el ecosistema TIC utiliza 1.500 TWH de electricidad anualmente, equivalentes a la generación eléctrica de Japón y Alemania juntas y ¡tanta electricidad como se usaba para la iluminación mundial en el año 1985! “El gasto eléctrico de todo el ecosistema TIC supone ya el 10% del consumo eléctrico mundial y, si no se hace nada al respecto, en el año 2030 supondrá el 51%”, advierte Marco Miozzo.

Con el objetivo de poner freno a la actual vorágine digital y tecnológica, más de 150 personas firmaron un manifiesto el pasado septiembre pidiendo mejores prácticas tecnológicas. Entre los firmantes de la Carta de Copenhague figuran desde empresarios hasta diseñadores y filósofos. El texto pide un nuevo Renacimiento en el futuro diseño tecnológico para poner a la humanidad, y no solamente al usuario, a la cabeza de los negocios.