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Cada vez son más las compañías que quieren competir con las instituciones financieras, quitándoles un pedazo de la torta por medio de competir en una función específica – de modo de no caer en las amplias y estrictas regulaciones que si rigen para los bancos y otras instituciones financieras – donde se pueden mover de manera muy ágil y representar una amenaza para los actores establecidos.

Hoy vemos a gigantes tecnológicos como Apple, Google y Facebook ingresando al mercado de los pagos digitales, presentando ofertas muy interesantes – por ejemplo Facebook Payments es absolutamente gratis para transferencias entre personas y Apple le cobra a los bancos por transacción – pero hay un punto donde tanto startups como empresas de tecnología aun no logran alcanzar a la banca: en su percepción como proveedor de seguridad: seguridad de que el banco resguarde tanto la identidad del cliente como sus datos transaccionales y financieros.

MoneySuperMarket preguntó a 2.000 consumidores si confiarían en una variedad de bancos y en proveedores de servicios no financieros con su dinero.

En esta encuesta los grandes bancos obtuvieron la primera preferencia donde más de 1/4 de los encuestados (un 28%) otorgaron a los grandes bancos una puntuación de a lo menos 8 de 10, mientras los actores no financieros obtuvieron las peores puntuaciones, por ejemplo Facebook fue evaluado con 2 de 10 por un 61% de la muestra y a Google un 40% le dio la misma nota. Sólo un 7% confiaría en Facebook por sobre un banco tradicional.

Al preguntarle a los consumidores si abrirían una cuenta corriente con una empresa de tecnología como Facebook, Amazon, Google o Apple, sólo 1 de cad 10 indicaron que lo harían. Esta pregunta obtuvo su mejor puntuación entre los consumidores con edades entre los 18 y 34 años de edad, donde un 25% si lo haría, pero baja a un 3% para los mayores de 55 años.

Vemos que los bancos siguen siendo los líderes en cuanto a gestionar la confianza de los consumidores, ámbito donde los clientes dudan mucho de las capacidades de los nuevos competidores – donde han habido casos mundialmente conocidos de fuga de datos (como Apple y Sony por ejemplo) – esto para las instituciones financieras representa un activo que debe saber aprovechar para establecer barreras y distinciones frente a estos competidores y construir nuevos atributos que resalten las características de seguridad y confiabilidad de sus productos y también la capacidad de resguardar la identidad digital de sus clientes y de sus movimientos, saldos e información financiera.