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EL OTRO TIEMPO

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Esta semana se inició la era del dinero electrónico en el Perú con la puesta en valor de la Billetera Móvil (BIM), un paso audaz para incluir financieramente a los peruanos y reducir las brechas urbano/rural, urbano/urbano y rural/rural en la circulación de dinero.
El proyecto hecho realidad es tan audaz como sencillo e inédito. Se trata de agregar a millones de peruanos al sistema financiero a través del uso del celular y sin necesidad de utilizar dinero en efectivo ni contar con la presencia física de las personas en las entidades financieras o cajeros dispensadores para hacer pagos y transacciones.
La plataforma de dinero electrónico se encuentra operativa desde diciembre en un período de prueba y ha sido lanzada comercialmente. Durante la prueba se realizaron dos operaciones básicas: cargar el celular con dinero y enviar y recibir dinero. Luego del lanzamiento se agregarán más funciones.
Es preciso recordar la principal característica del proyecto, que no pone como elemento central el acceso a Internet sino el usuario, de modo que no se trata del acceso a una aplicación sino a una plataforma de servicios en la que el usuario solo “aporta” un aparato celular. Este atributo hace que sus posibilidades sean vastas y se estima que serán más de 5 millones los peruanos que podrán agilizar el tráfico de dinero y optimizar su vida cotidiana y negocios. En esa medida, es un paso modernizador del mercado.
Los efectos en el mundo rural peruano serán inmediatos y muy positivos. El medio rural se caracteriza por la falta de conexión y de servicios financieros sostenibles, variables concurrentes a problemas resistentes del mercado rural como la informalidad de los agentes, la falta de registros de compra y pago, y el incumplimiento de obligaciones. El dinero electrónico permitirá procesos de compra más seguros, la adopción de compromisos registrados y ampliará las actividades del mercado reduciendo sobrecostos.
Para las instituciones financieras será una plataforma que permitirá visibilizar al ciudadano para hacer llegar otros productos financieros de mayor envergadura, incluyendo el crédito.
Para las operaciones en el ámbito urbano, la Billetera Móvil juega un papel más trasversal, en la medida en que no solo resuelve la relación entre el usuario y la institución financiera, ya abordada por otros productos y aplicaciones específicos, sino también en la relación bilateral entre las personas, al reducir tiempo, riesgos y ordenar las transacciones entre privados.
Siendo un elemento de inclusión no deja de ser de igualación de las personas, en la medida en que al margen de los volúmenes y lugar de residencia, todas las personas podrán tener acceso a un nivel básico de servicios. Es cierto que no tiene el propósito inmediato de reducir por sí misma la equidad en el acceso al dinero, pero es un instrumento en el que pueden respaldarse el mercado y el Estado para distribuir la renta.