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BANCA: QUE VIENE EL LOBO DIGITAL

LA AMENAZA QUE REPRESENTAN LAS EMPRESAS TECNOLÓGICAS PARA EL OLIGOPOLIO BANCARIO SUBE DE GRADO. LAS FIRMAS DE RATING ADVIERTEN POR PRIMERA VEZ AL SECTOR QUE A MEDIO PLAZO PUEDEN TENER UN PODER DISRUPTIVO EN LA INDUSTRIA.

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En el argot se las conoce como FinTech y son las start ups de base tecnológica que ofrecen servicios financieros. De momento, aquellos que están en las orillas del negocio bancario, como los pagos, los pequeños préstamos entre particulares o empresas, el intercambio de divisas y las transferencias internacionales. El año pasado, esta inmensa galaxia captó más de 12.000 millones de dólares de inversión, cantidad que ya se ha visto superada en los primeros seis meses de 2015.

En los últimos años, su número está creciendo como setas. También en España. Existen dos grandes fuerzas que van a su favor: carecen de la fuerte regulación que atenaza a los dinosaurios bancarios y su alta capacidad de ofrecer una mejor experiencia de cliente que la banca. Es decir, un servicio más barato y más ágil.

En ese selecto grupo hay nombres como el portal de intercambio de divisas Kantox y Digital Origin, empresa fundada en 2011 para atacar el nicho de los préstamos al consumo como hace el gigante estadounidense Lending Club. Hace un año levantó una ronda de financiación de 15 millones de euros. A través de esta plataforma, un particular puede pedir prestados hasta 300 euros. En 30 segundos tiene la respuesta y, si ésta es afirmativa, el dinero en su cuenta en 15 minutos. Sin embargo, la ley de la selección natural es bastante fuerte y muy pocas aguantan.

La mayoría de los bancos son conscientes de que tienen que cambiar su modelo de negocio, pero no saben cómo. Sus estructuras son demasiado pesadas y eso ralentiza la creación de cosas realmente innovadoras. Conseguir digitalizar los procesos hasta el último paso exige rediseñar todo y eso es enormemente costoso. La mayoría confía en que el potente lobby bancario les ayudará a evitar que esta competencia emergente les coma terreno en su negocio mollar, a pesar de que no está sucediendo con la banca en la sombra. Es decir, con los fondos de deuda que se dedican a dar financiación a las empresas y que no están sometidos a la estricta normativa que deben cumplir aquellos que tienen ficha bancaria.

Los bancos más tradicionales, como el Popular, no se cansan de repetir en todos los foros que su manera de hacer banca es adecuada para el futuro. “El canal digital no va a sustituir a la oficina, ni siquiera a medio plazo”, señaló su consejero delegado, Francisco Gómez, en el encuentro bancario anual organizado hace unos días por IESE.

Sin embargo, las grandes consultoras llevan al menos un par de años advirtiendo que los bancos no pueden relajarse y explicando que esto no va de llenar las sucursales de tabletas, sino de transformar la infraestructura para ofrecer un servicio diferente y mejor. Se trata de ser más diligente, rápido y adelantarse a las necesidades del cliente. Disponen de una ventaja competitiva que no han exprimido del todo: la montaña de datos que tienen de todos nosotros gracias a la tecnología del‘big data‘.

“Lo único que no sabemos es en qué negocios nos va a afectar más, pero es seguro que nos va a afectar. Tendremos que estudiar si como banco nos interesa más adquirir participaciones de control o establecer alianzas”, señala Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank. Los banqueros subrayan que esta galaxia digital, a la que de momento los gigantes Amazon y Google no se han sumado, es un fenómeno del momento. “No me parece que representan el modelo triunfador en España porque, si un día se cierra el grifo de la financiación, estas empresas desaparecerán de un día para otro”, apuntó Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, en el encuentro bancario organizado por IESE. José Antonio Álvarez, su homólogo en Santander, está de acuerdo: “Estas compañías solo funcionan en los ciclos buenos”.

BBVA lleva varios años comprando participaciones de control en varias fintech americanas y británicas para familiarizarse con este ecosistema. Hace unas semanas, BBVA anunció la compra del 29,5% de Atom, el primer operador exclusivamente móvil que ha obtenido una licencia bancaria en Reino Unido. En cuatro años, el banco lleva 270 millones de euros gastados en adquisiciones tecnológicas. “Vamos a seguir invirtiendo bastante en el ámbito FinTech para mejorar la experiencia de cliente y extrapolar estos conocimientos al banco”, señaló Jorge Sáenz de Azcúnaga, director de negocio de BBVA España.

“El 99,9% de las FinTech no acabará en ningún sitio, pero existe un 0,1% que sí puede tener un efecto disruptorr en esta industria”, admite José Antonio Álvarez, consejero delegado del Santander, que asegura no estar asustado por esta competencia nueva, pero sí “vigilante”. “Algunas fintech triunfarán y es evidente que ciertos segmentos de negocio se desintermediarán, comenzando por aquellos donde la confianza no sea crucial, así que debemos estar atentos”, explicó en el encuentro bancario organizado por IESE. Santander está tomando posiciones en varias fintech a través del fondo Innoventures, dotado con 100 millones de dólares. Álvarez está convencido de que cuando suban los tipos de interés, estas start ups atacarán el nicho de los depósitos. “No me cabe ninguna duda”, afirma.

En diez años, la mayoría de marcas bancarias seguirán existiendo, pero su manera de hacer banca será completamente distinta, según PwC. Las entidades domésticas se van sumando al carro en la medida de sus posibilidades, pero sin realizar inversiones. Bankia está experimentando con diferentes tipos de acercamiento al cliente. El pasado verano comenzó a asignar a cada cliente digital un gestor personal con el que puede contactar en cualquier momento del día y a través de cualquier dispositivo. Actualmente, 100.000 clientes se benefician de este servicio, la mayoría en horario de tarde, cuando las oficinas están cerradas.

Los reguladores también deberán vigilar estas FinTech muy de cerca después de que haya trascendido que una FinTech estadounidense llamada Lender fue quien un préstamo de 28.000 dólares a uno de los terroristas de San Bernardino (California).