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¿continuara la burbuja con los creditos de consumo?

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Créditos de ConsumoFuente: La Tercera

Créditos de consumo podrían ser la próxima burbuja que estalle en EEUU

La contracción del consumo, el mayor componente del PIB, podría estrangular más a las firmas financieras y empujar a la economía de EE.UU. a una recesión más profunda. Los consumidores de EE.UU. casi nunca recortan sus gastos (…) Durante mucho tiempo han vivido más allá de sus posibilidades (…) Ha llegado la tan temida capitulación del consumidor estadounidense”. Paul Krugman, Premio Nobel de Economía.

Beth Filipovits, una analista de datos de 35 años que vive en Nueva York, tiene 12 tarjetas de crédito con una deuda total de unos US$ 40.000. A comienzos de la semana pasada perdió su trabajo en una empresa tecnológica. Su compañía está reduciendo la fuerza de trabajo para hacer frente a los duros tiempos que se avecinan.

Ahora, Filipovits está bajo una presión doble: encontrar trabajo, en medio de un clima de despidos cada vez más masivos, y reunir suficiente dinero para pagar las mensualidades de sus tarjetas de crédito. “Tendré que hacer lo que hay que hacer”, dice Filipovits. “Estoy reservadamente optimista, pero también estoy asustada”.

Millones de estadounidenses están en una situación similar o peor, lo que podría arrastrar a este país a un hoyo cada vez más profundo, recortando aún más la disponibilidad de crédito, empeorando las pérdidas para las instituciones financieras que emitieron las deudas y estrangulando seriamente el consumo, que es el gran motor de la economía estadounidense. En otras palabras, la mayor burbuja de todas —el alegre endeudamiento y consumo desenfrenado que duró décadas— está estallando.

Ha llegado la tan temida capitulación del consumidor estadounidense”, dijo Paul Krugman, el nuevo premio Nobel de Economía, en su última columna en el New York Times.

Y sus efectos se dejarán sentir en todo el mundo. El apretón de cinturón del estadounidense afectará a los exportadores chilenos de vino, fruta y salmones, a los fabricantes chinos de iPods y a las automotrices europeas y japonesas. Y a estas alturas, pocos creen ya que el consumo interno de los mercados emergentes logre equilibrar la fuerte baja de EE.UU. y Europa.

La crisis de las tarjetas

Los bancos y otros emisores de deuda como Mastercard y Visa ya sienten el impacto. En el primer semestre de este año tuvieron que asumir pérdidas de US$ 21.000 millones a medida que cada vez más deudores simplemente dejaron de pagar. En el segundo semestre los impagos podrían ascender a US$ 55.000 millones, machacando aún más los balances de las instituciones financieras.

Hoy, las pérdidas totales ascienden a 5,5% de las deudas de tarjetas de crédito vigentes. Muchos analistas predicen que podría sobrepasar ampliamente el nivel de 7,9% que se alcanzó tras el estallido de la burbuja tecnológica a comienzos de la década.

Si el desempleo continúa aumentando, las pérdidas netas en tarjetas de crédito podrían superar las normas históricas”, afirmó en una conferencia Gary L. Crittenden, director de finanzas de Citigroup.

La primera reacción de las firmas financieras ha sido reducir la oferta de crédito y cobrar tasas de interés más altas, pese a que el plan de rescate del gobierno preveía reactivar el flujo de crédito a consumidores y empresas y pese a que esta semana la Fed bajó las tasa de interés a 1%.

Eric Heuck, por ejemplo, un ex trader de Goldman Sachs y ahora dueño de una vinoteca en Manhattan, solía recibir en su correo unas 10 ofertas de tarjetas de crédito con tasas de interés entre 9,99% y 12,99% anual. Ahora sólo recibe dos o tres ofertas con tasas de entre 12,99% y 23%. Y eso que nunca ha dejado de pagar a tiempo sus deudas. Y la situación es mucho peor en regiones donde la crisis hipotecaria ha sido más intensa, como California y Florida.

Esta tendencia no sólo ha reducido la disponibilidad de crédito para los consumidores, sino que ha diezmado sus posibilidades de refinanciar sus deudas a tasas más convenientes y así aliviar la presión financiera, creando un ciclo vicioso en que todos —firmas financieras y personas comunes— pierden.