Regulación de las fintech, una necesidad

Regulación de las fintech, una necesidad

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Por: Yoni Assia es CEO y fundador de eToro

Desde la crisis económica desatada en 2008 por las estructuras opacas de grandes bancos y negocios de inversión, ha quedado patente que la fuerza de la economía de un país reside en su ecosistema emprendedor. España ha propuesto varias iniciativas para potenciar este ecosistema que han dado lugar a importantes empresas tecnológicas con unas perspectivas de futuro muy prometedoras. De hecho, según el estudio «Fintech Radar España», realizado por Finnovista, España ha cuadriplicado su sector Fintech en los últimos tres años

La aparición de empresas Fintech con nuevos modelos disruptivos no sólo ha aportado trabajo para individuos formados y desempleados, sino también nuevas inversiones y generación de riqueza para el país. Es por eso por lo que una regulación que facilite la creación de estas empresas y su operación en España se ha convertido en una necesidad y casi una urgencia

No es necesario mirar muy lejos para ver cómo algunos países han adoptado mejoras sustanciales a su regulación desde 2008 para favorecer la creación de estas empresas. Reino Unido ha creado su propio «laboratorio», el Regulatory Sandbox, con el que se pretende estudiar y rebajar las barreras de entrada habituales a las actividades financieras. Este «espacio seguro» ofrece a las empresas la oportunidad de probar nuevos productos, servicios, modelos de negocio y mecanismos de distribución innovadores en un entorno real pero sin tener que afrontar de manera inmediata todas las consecuencias regulatorias de la actividad en cuestión.

La FCA, el regulador de servicios financieros del Reino Unido, colabora con las startups para entender su negocio, recibir sus propuestas y adaptar la normativa. Se trata de un modelo vertical, de abajo a arriba, desde los protagonistas a los órganos reguladores. Esto ayuda a crear un entorno accesible y abierto para las startups, con nuevas normativas que responden a necesidades reales.

Como resultado, Londres fue el pasado año el centro de la inversión Fintech en Europa. Según el Gobierno británico, el sector Fintech del Reino Unido representa un volumen de negocio de 20.000 millones de libras y 44.000 puestos de trabajo. El año pasado, las inversiones en Fintech en Europa crecieron un 215% y alcanzaron los 97.000 millones de libras, una cantidad de la que el Reino Unido recibió la mayor parte.

En Rusia, el principal banco del país, Sberbank, ha incluido servicios de social trading como parte de su oferta a los clientes. Estas iniciativas reportan, entre otros, dos grandes beneficios como son la atracción de talento e inversión. España cuenta con algunos de los mejores profesionales en los principales sectores de la economía. Sin embargo, mientras que en España la inversión en Fintech es por ahora residual, en el Reino Unido proliferan las aceleradoras y las incubadoras que apuestan por estas startups. Incluso muchos bancos británicos tradicionales, ante el auge de este modelo disruptivo, han empezado a invertir en ellas.

Así pues, todo pasa por una regulación que facilite la creación de ese microclima emprendedor en España. Aunque los principales bancos españoles están adoptando una actitud más progresiva en lo que respecta a la innovación, pronto veremos más y más soluciones que vendrán de la mano de grandes bancos que adopten los servicios ofrecidos por empresas de reciente creación. Estas empresas, conocidas como Fintech, aportarán una capacidad tecnológica que complementará la oferta de los bancos, como análisis de big data o soluciones personalizadas.

La rapidez del cambio y que España se quede atrás o no en esta carrera, dependerá en gran medida de las facilidades que las instituciones públicas aporten a este sector mediante una regulación adecuada y efectiva. Y, en mi opinión, cuanto antes, mejor.